Vinos

Vinos del Priorato, sabor del terroir catalán

Conoce la historia y características organolépticas de estos caldos

Su historia se remonta al siglo XII, cuando los monjes de la cartuja de Scala Dei se asentaron en Tarragona, al sur de Cataluña, en España. Ahí se estableció el dominio feudal de siete localidades, las cuales estaban sometidas al vasallaje del prior de la congregación. Es por esto que se denominó Priorato, tanto a la región, como a los vinos.

En la actualidad, esta zona catalana se divide en nueve localidades: La Morera del Montsant, La Vilella, Porrera, Poboleda, Gratallops, Bellmunt, El Lloar, El Molar y Torroja del Priorat. Esta última es la que se encabeza la Denominación de Origen y las actividades que ésta representa.

Debido a la geografía de dichas zonas, las cepas se cultivan en terrazas, pendiente (costers) o en llano. Las más valoradas, por su antigüedad, son las costers. No obstante, el área es cercada al río; hay suelos sedimentarios, arcillosos (pobres de materia orgánica y con escasa profundidad) y lugares escarpados donde abunda la pizarra muy laminada (licorella).

A todo esto se agrega el clima, pues Priorato es ideal para madurar la uva. El verano es seco, lo que beneficia a los precursores del alcohol en los viñedos, ya que terminan en vinos amplios y vigorosos, aunque no tan robustos y de tan alta graduación. No hay lluvias abundantes, pero durante la primavera y el otoño se puede permitir una larga maduración de la uva.

Entre las variedades más representativas, están las uvas tintas Cariñena y Garnacha, que conceden la robustez clásica de los vinos del Priorato, y las blancas que son Garnacha Blanca y Macabeo. También se siembran cepas francesas como Syrah, Merlot y Cabernet Souvignon.

Sus características

Los vinos del Priorato se caracterizan por tener una tonalidad serena, un color en el que destaca una paleta púrpura y matices violáceos, cuando el vino es joven. Al añadir las variedades francesas, los vinos ofrecen tonalidades de frutas rojas, como grosellas. En cuanto a los aromas, no faltan los que refieren al monte, el tomillo y el romero, además de especias como nuez moscada, canela o pimienta, café o regaliz.

Por otra parte, de la garnacha blanca y de la macabeo resultan vinos florales y afrutados, con aromas de melocotón y manzanilla, lirios y violetas. También hay que añadir los vinos rancios, es decir, aquellos que han tenido un proceso artesanal a través de los tiempos. Se trata de vinos largamente envejecidos que presentan un aroma sólido y personal, producidos en menor escala, pero a los que se puede recurrir a cualquier hora del día.

Los mejores

De acuerdo con sus características, los vinos blancos ayudan a abrir la mesa, refrescan las entradas suaves como ensaladas, ahumados, pescados y croquetas, entre otros manjares. Para comenzar con los tintos, lo ideal son los embutidos. Y entre los platos fuertes perfectos están los guisos de conejo, los caracoles, las setas silvestres y los productos del mar.

Según el Consejo Superior de las Denominaciones de Origen, las mejores añadas de los vinos del Priorato, calificadas como excelentes, han sido: 1993, 1995, 1996, 1998, 2001, 2004 y 2005. Mientras que 1992, 1994, 1999 y 2003 fueron clasificados como muy buenos.

Cabe agregar que la Denominación de Origen Calificada Priorato fue reconocida en 1975 y en el año 2000 obtuvo la categoría, después de la Rioja. Esto se consiguió gracias a las aportaciones a la tierra por parte de los productores, que progresaron y modernizaron bodegas y viñedos. Asimismo, hay nuevos jóvenes enólogos que han conjugado sus ideas con las tierras catalanas.

Algunas de nuestras recomendaciones:

  • Gratavinum gv5. Creado con cuatro variedades de uva y después de un reposo de 10 meses en barricas nuevas de roble francés y húngaro, este vino ofrece un color cereza intenso y aromas de fruta confitada, chocolate y especias.
  • Mas Plantadeta de Celler Sabaté. Hecho con 100 por ciento de garnacha, se trata de un vino con crianza de seis a ocho meses en barricas de roble francés. Se puede maridar con aves de corral, ternera o cualquier otra carne asada, además de quesos suaves.
  • Bartolome Vernet. Su color cereza intenso se complementa con notas de tostado y minerales, y sensaciones de roble cremoso, chocolate y caramelo. Es ideal para acompañar carnes rojas a la plancha y cortes de caza.
  • Gratavinum 2πr. Después de 12 meses en barrica, este vino de color cereza muy intenso, en nariz ofrece aromas a fruta madura y notas de minerales de cacao. Se recomienda acompañar con arroces de carne, asados y quesos curados.