AVENTURA

¿Te animarías a nadar con un tiburón?

Este destino en México ofrece esta experiencia de la cual, te aseguramos, saldrás ileso.

La comida que me ofrecía La Paz, en Baja California, y la vista desde el malecón, parecían tenerme satisfecho. Sin embargo, en aquel paisaje de la mañana en que salimos, todo parecía estar en completo equilibrio. Cada vez más, el mar de Cortés (el acuario del mundo) se empeñaba (sin tener que entrar a aguas más profundas) en prepararnos un escenario único con sus propios protagonistas.

Abordamos el bote del The Cortez Club después de que pudiera conseguir unas aletas de mi número. Para entonces el mar nos recibía, con las que imagino yo, serían las mismas mariposas amarillas que raptan a Mauricio Babilonia en Cien años de Soledad. Un espectáculo simple por lo pequeño, pero no por eso dejaba de ser increíble, estar entre unas pequeñas y delicadas mariposas otoñales en pleno mar (muy cerca de la orilla).

Pasamos algunos minutos dando vueltas por el agua, incluso alguien había propuesto que continuáramos rumbo a la isla Espíritu Santo al percatarse de que demorábamos cada vez más en la búsqueda del tiburón ballena. Mientras tanto, yo disfrutaba mucho el paseo, las maripositas seguían embebiéndome, el viento me golpeaba al avanzar la lancha y la península se veía tan infinita como el horizonte del mar (sinceramente, no había mucha ambición en mí de encontrar a la ballena).

Fue entonces que mientras avanzábamos alguien logró verla; nos acercamos y el primer grupo se preparó para nadar con ella. Había distintas medidas para poder acercarse, debías estar a un metro de distancia y aún más, si te aproximabas por la cola.

De los del primer grupo sólo algunos lograron aproximarse y decir que realmente habían podido nadar con un auténtico tiburón ballena, el cual se levanta casi hasta la superficie para alimentarse en aguas muy cercanas a la tierra. Desde el punto el que yo estaba veía a un extraño pez con forma de tiburón, más grande que uno y con una boca que parecía una aspiradora gigante. Poco tiempo después nadó hacia otro lado y lo perdimos.

Poder verlo, aun así lo hiciera desde afuera del agua, acrecentaba mi curiosidad, la cual, no había experimentado instantes antes en los que yo, seguía viendo mariposas. Llegó entonces mi turno, entraría por fin al mar con un esnorquel y mi deficiente y poco agraciada manera de nadar. No habiéndome acostumbrado aún a los enormes sorbos de sal que succionaba desde el tubo del esnorquel (por no saber usarlo), pronto me atrasé del resto del grupo. Los vi algunos metros frente a mí y nadé hacia ellos. Para entonces habían perdido al tiburón ballena, y yo agotado, me disponía a subir al bote (al cabo que ni quería verlo).

Fue entonces que un enorme animal de unos nueve metros de largo (los hay más grandes) cruzó a unos dos metros de donde yo estaba. Lo vi pasar desde su peculiar cabeza hasta la cola, una figura imponente de un azul maravilloso y múltiples lunares blancos nadaron hasta que se perdió de mi vista. Yo no era tan hábil como para seguirlo, sin embargo unos cinco segundos mientras estuve ahí fueron realmente impresionantes y conmovedores.

Al regresar de la isla, algunos recobraron la empresa de nadar con el tiburón ballena, casi todos lo lograron, pese a que hay que seguirlo. Por mi parte, me sentía complacido en los instantes en los que parecía que él me había buscado (aunque no fuera así).

La temporada para nadar con el tiburón ballena en La Paz, BC, es de noviembre a abril. Para conocer más detalles sobre este tour visita acércate con The Cortez Club, www.cortezclub.com